Cuando había muchísima materia oscura, las partículas se blindaban entre sí y casi no se aniquilaban. Pero con el tiempo la densidad cayó, y al llegar a un punto crítico el blindaje desapareció: se desató un furioso brote de aniquilación. Fue ese estallido, y no la fuerza inicial de la interacción, lo que determinó cuánta materia oscura sobrevivió hasta nuestros días.
En la década de 1950, la astrónoma Vera Rubin descubrió que las estrellas en los bordes de las galaxias se movían demasiado rápido, retenidas por una masa invisible. Así nació el misterio de la materia oscura. No emite luz, pero se manifiesta a través de la gravedad. La pregunta clave: ¿por qué quedó exactamente esa cantidad? Un nuevo trabajo propone una respuesta inesperada.
En el Universo temprano, la densidad era tan enorme que las partículas de materia oscura estaban apretujadas entre sí. Como cartuchos en una caja abarrotada, no podían interactuar ni autodestruirse. Pero a medida que la expansión del Universo avanzaba, la densidad disminuía. A un nivel crítico, se produjo un destello de aniquilación mutua, un brillante fuego artificial de aniquilación. Casi todas las partículas perecieron: solo sobrevivió una millonésima parte. Sorprendentemente, la cantidad final apenas depende de la fuerza de interacción de las partículas; lo más importante es cuándo comenzó exactamente esta explosión.
Este modelo también explica el extraño comportamiento de la materia oscura en las galaxias enanas: las partículas restantes siguen sintiéndose débilmente, afectando la estructura de estos sistemas.
🎯 Si la expansión del Universo hubiera sido un poco más lenta, la protección de las partículas habría durado más, y la materia oscura habría desaparecido por completo, junto con la posibilidad de que se formaran galaxias.