Una computadora cuántica de iones se parece a una lámpara de araña con una docena de colgantes: si tiras de uno, todos se balancean. Cada ion es un qubit, pero cuando hay muchos, sus oscilaciones conjuntas saturan el escenario. Cualquier acción sobre un par afecta a los vecinos y el cálculo se echa a perder.
Los autores encontraron la manera de empujar los iones de lado, no de frente. Una fuerza aplicada transversalmente cambia la fase de la onda, pero no hace oscilar a los iones vecinos. Es como presionar una cuerda de guitarra lateralmente en lugar de puntearla: el sonido cambia, pero las cuerdas vecinas no vibran. En un experimento con 12 iones en una sola trampa, el error de entrelazamiento se mantuvo por debajo del 0,5%.
Este truco funciona con cualquier método de codificación de qubits. Lo importante es que los estados del qubit reaccionen de manera diferente a la luz. Entonces, la fuerza transversal entrelaza solo al par elegido, mientras que los demás iones permanecen tranquilos.
Ahora la lámpara de iones puede balancearse de manera más compleja, pero más controlada. Cada ion es como un músico individual en una orquesta, y el director ha aprendido a dar indicaciones sin desconcertar a los demás.
Una trampa de iones mantiene las partículas a una temperatura más baja que la del espacio exterior; de lo contrario, las vibraciones térmicas difuminarían los estados cuánticos.
En la novela 'Cuarentena' de Greg Egan, las computadoras cuánticas de iones ayudan a controlar la función de onda de una persona.