Cuando dos núcleos de plomo chocan a gran velocidad, se aplastan y se desintegran en miles de partículas. La forma de esta dispersión depende de cómo estaban organizados los núcleos antes del impacto. Dentro del núcleo, los protones y los neutrones no se distribuyen de manera uniforme: los neutrones sobresalen un poco más allá del borde, lo que se conoce como piel de neutrones. El grosor de esta piel es importante para comprender los objetos más densos del universo, como las estrellas de neutrones.
Los científicos simularon colisiones de núcleos de plomo con diferentes grosores de piel de neutrones y compararon los resultados con los datos del detector ALICE. Resultó que el flujo de partículas, medido como flujo anisotrópico, apenas cambia si la piel es fina o media. Pero si la piel es muy gruesa, los datos calculados dejan de coincidir con el experimento. Esto significa que se excluye una piel de neutrones muy gruesa, pero aún no se puede distinguir entre una fina y una media.
Esta 'ceguera geométrica' surge porque el flujo de partículas está determinado principalmente por la forma general de la colisión, no por los pequeños detalles de la superficie del núcleo. Para captar la diferencia, se necesitan mediciones más precisas u otras cantidades observables. Por ahora, se puede decir que la piel de neutrones del plomo no puede ser muy gruesa, y eso ya es un paso adelante.
El grosor de la piel de neutrones del núcleo de plomo-208 se estima en solo 0,1–0,2 femtómetros, decenas de miles de veces menor que el diámetro de un átomo.
En la novela 'La máquina diferencial' de Bruce Sterling, las estrellas de neutrones y sus propiedades juegan un papel clave en la política interestelar: el grosor de la piel de neutrones podría influir en su comportamiento.