Las fibras en compuestos, papel o tejidos biológicos suelen estar ocultas a la vista, pero su orientación determina la resistencia y las propiedades del material. Antes, para ver las direcciones de las fibras, había que tomar muchas imágenes desde ángulos distintos y reconstruir una imagen tridimensional, como si se cortara una barra de pan en rodajas finas. Para muestras delgadas, este enfoque no sirve: no se pueden cortar rodajas.
El nuevo método funciona de otra manera. Un haz de rayos X atraviesa la muestra y una máscara especial crea un patrón que cambia según la inclinación de las fibras. A partir de estos cambios, el modelo reconstruye la orientación de varias fibras a la vez en cada punto, hasta dos en un mismo píxel. Es como si, por la sombra en la pared, se pudiera saber hacia dónde apuntan varios lápices en un vaso.
Las pruebas con simulaciones por ordenador y experimentos reales han demostrado que el método determina de forma fiable los ángulos de las fibras. Para la ciencia de materiales, esto significa un análisis rápido de compuestos delgados, películas y tejidos sin necesidad de tomografía compleja. Una sola imagen en lugar de docenas, y el panorama queda claro.
La imagen de campo oscuro se parece a cómo se ven las motas de polvo en un rayo de luz: el rayo directo se bloquea y solo queda la luz dispersada por las fibras.