Normalmente, la corriente fluye igual en ambas direcciones si no hay un imán. El campo magnético o un material magnético rompen esa simetría: los electrones empiezan a preferir una dirección. Pero en un nuevo trabajo, los físicos han encontrado la manera de prescindir de los imanes.
En un cristal, los átomos pueden no estar perfectamente alineados, sino con cierto desorden. En esas irregularidades, los electrones se dispersan, como una pelota que rebota a izquierda y derecha en un camino lleno de baches. Resulta que, debido a esa dispersión, la corriente puede fluir con más facilidad en una dirección que en la contraria. El efecto se intensifica cuando hay más o menos electrones, por ejemplo, en el grafeno bicapa con un cierto voltaje en la compuerta.
Este comportamiento se parece al de un diodo, pero sin unión de semiconductores. Si se aprende a controlar este efecto, se podría fabricar electrónica que no necesite imanes voluminosos. Esto simplificaría los circuitos y abriría el camino a dispositivos en miniatura.
El desorden normalmente dificulta la conductividad, pero aquí, al contrario, crea una propiedad útil: la corriente empieza a 'preferir' una dirección.