En un tanque oscuro de treinta toneladas, el agua brilla cuando una partícula fantasma la atraviesa. El neutrino casi no interactúa con la materia, pero de vez en cuando choca con los átomos y entonces se produce un destello. Para atraparlo, se añade al agua una sustancia especial: un centelleador líquido que amplifica la luz.
Los detectores habituales ven solo un tipo de luminiscencia u otro. Aquí se han mezclado ambos: la radiación de Cherenkov (un cono azulado, como la onda de choque de un avión supersónico, pero de una partícula más rápida que la luz en el agua) y la luz de centelleo (un resplandor suave y uniforme). La proporción se puede ajustar directamente en el tanque, adaptando el detector a diferentes tareas.
¿Para qué sirve esto? Los neutrinos llegan del Sol, de explosiones estelares y de reactores nucleares. Unos son rápidos y energéticos; otros, lentos y débiles. Un solo tanque con líquido ajustable podrá atrapar a ambos tipos y, de paso, distinguirlos de ruidos aleatorios. Los científicos ya han puesto en marcha un prototipo en el Laboratorio de Brookhaven y se preparan para analizar los primeros datos.
La radiación de Cherenkov se puede ver en una piscina con un reactor nuclear: el agua brilla en azul, como en una película de ciencia ficción.