Un enzima se parece a una estación de tren donde una multitud de pasajeros, los átomos, no deja de moverse. En el fondo de la estación hay una taquilla: el lugar de trabajo del enzima, donde ocurre la reacción química. Para que la taquilla funcione, necesita saber qué pasa en los andenes lejanos. ¿Cómo llegan las noticias hasta la taquilla a través de la multitud?
Los científicos lo comprobaron en siete enzimas distintos. Descubrieron que el ajetreo, o entropía, fluye desde los bordes de la molécula hacia su centro. Los aminoácidos de los extremos (los ladrillos de la proteína) «conversan» mucho, mientras que los que están junto a la taquilla guardan silencio. Es como si los pasajeros de los andenes lejanos discutieran las noticias en voz alta y junto a la taquilla reinara la calma, para que el taquillero no se distraiga.
Lo más interesante: esa misma ruta se ve si uno simplemente dibuja un mapa de los contactos entre aminoácidos. Quién toca a quién: con eso basta para entender hacia dónde fluirá la información. No hace falta poner en marcha cálculos complejos del movimiento de los átomos. Este hallazgo ayudará a los científicos a encontrar más rápido fármacos que actúan sobre los enzimas a través de zonas alejadas, y no a través del lugar de trabajo.
TIM-Barrel es uno de los plegamientos proteicos más comunes de la naturaleza: aparece en al menos 15 familias distintas de enzimas, desde bacterias hasta seres humanos.