Los ojos siguen un punto que dibuja suavemente una curva compleja en la pantalla. En la mayoría de las personas, la mirada se mantiene cerca del punto, pero en algunas parece resbalar o ir con retraso. Antes, estas peculiaridades se ahogaban en los promedios: si sumas a todos y divides, la diferencia casi desaparece.
Los científicos decidieron no mirar el promedio, sino a cada persona por separado. Midieron cuánto se retrasaba la mirada respecto al punto y cuánto se desviaba lateralmente. Luego construyeron una "norma" con personas sin autismo y calcularon quién se salía de ella más de lo habitual. Este enfoque se parece a revisar la estatura en la escuela: en lugar de comparar la altura media de la clase, el médico señala a los niños que son mucho más bajos o más altos que sus compañeros.
El resultado sorprendió: entre las personas con autismo, 7 de 18 movían los ojos de forma inusual, casi un 39%. En el grupo sin autismo, solo el 5% lo hacía. Sin embargo, las comparaciones de promedios habituales casi no mostraban diferencias. Esto significa que el autismo se manifiesta de manera distinta en cada persona, y son precisamente estas desviaciones individuales las que pueden ser la clave para entenderlo.
Este método podría ayudar a los médicos a detectar el autismo antes y con mayor precisión. Y lo más importante: respeta la diversidad, no intenta encajar a todos en un mismo molde, sino que ve a cada persona individualmente.
En las personas con autismo, los movimientos oculares inusuales son casi ocho veces más frecuentes que en el resto.