Fotografiar un átomo es como retratar a una mariposa asustada sin ahuyentarla. Los científicos usan dos haces alternos: uno sostiene, el otro enfría, como una suave brisa. Esto reduce la entropía (el temblor del átomo) y los enfría hasta millonésimas de grado sobre el cero absoluto: más frío que el espacio exterior.
Se necesita la mitad de energía para sujetarlo: el riesgo de perderlo es mínimo. El método servirá para ordenadores cuánticos con miles de cúbits y relojes de altísima precisión.
Se basa en la espectroscopía (ciencia de la luz y la materia) y la fotometría (medición del brillo). Así, los átomos serán a la vez interruptores y péndulos de los relojes más precisos.
Un solo átomo de iterbio no solo es un elemento para computar, sino también un péndulo para los relojes más exactos: perderían menos de un segundo en miles de millones de años.