En una película delgada de óxido de níquel, las regiones magnéticas, como piezas de un mosaico, se disponen en un orden estricto. Un solo pulso láser calienta el material al instante y el mosaico se desmorona: los dominios pierden su orientación y se mezclan. Los científicos capturaron este proceso mediante visualización magnetoóptica, un método que revela la estructura magnética a través del cambio en la polarización de la luz.
Pero el truco no termina ahí. Si el haz láser no solo ilumina un punto fijo, sino que se desplaza lentamente sobre la superficie, crea una diferencia de temperatura. Esta diferencia actúa sobre los límites entre dominios como una mano invisible, empujándolos hacia un lado. Al cambiar la dirección del movimiento del haz, los investigadores conmutaron los dominios de forma reversible en 90 grados, y todo ello sin un solo cable ni corriente eléctrica.
Este método de control del orden magnético es importante para la memoria del futuro. Los antiferromagnetos no generan campo magnético externo, por lo que las celdas de memoria adyacentes no interfieren entre sí. Además, la conmutación óptica puede ser cientos de veces más rápida que la inversión magnética por corriente. La película vuelve a parecer un mosaico, pero ahora su patrón puede cambiarse con un simple movimiento del haz, como un artista que no toca el lienzo con el pincel, sino que solo dirige la luz.
Los antiferromagnetos apenas reaccionan a un campo magnético externo, por lo que sus dominios se consideraron durante mucho tiempo "invisibles" para los métodos convencionales. La visualización magnetoóptica permitió verlos directamente por primera vez.
En la novela de Arthur C. Clarke "La luz de otros días", la información se escribe con luz directamente en la estructura de la materia, algo parecido a la conmutación óptica de dominios, solo que en la ciencia ficción funciona a distancia y sin calentamiento.