Cuando las primeras estrellas se encendieron, su luz ultravioleta comenzó a arrancar electrones de los átomos de hidrógeno. El universo pasó de ser una niebla neutra a convertirse en un plasma transparente. Este proceso —la reionización cósmica— avanzó de manera desigual: primero lento, como un fuego que prende en leña húmeda, y luego cada vez más rápido, cuando la llama alcanza la yesca seca.
Hasta ahora, los cálculos solían usar una curva simétrica, como si la niebla se disipara con la misma suavidad al principio y al final. El nuevo trabajo la sustituye por la curva de Gompertz, que originalmente describía el crecimiento de poblaciones: un inicio lento, un ascenso brusco y una meseta final. Este enfoque refleja mejor la física. Al principio hay pocas fuentes de ultravioleta, y solo cuando se vuelven suficientes el proceso se acelera.
Gracias a esto, se determina con mayor precisión la suma de las masas de los neutrinos, partículas que casi no interactúan con la materia. Los nuevos datos apuntan a una posible discrepancia con los resultados de los experimentos de laboratorio sobre oscilaciones de neutrinos. Esta discrepancia podría haber estado oculta antes debido al modelo tosco de la reionización.
Así, una curva de crecimiento ideada para describir poblaciones ayuda a asomarse a la infancia del universo y a pesar con más precisión sus partículas más esquivas.
La curva de Gompertz, utilizada en el modelo, fue propuesta en 1825 para describir tablas de mortalidad, y ahora describe cómo el universo se volvió transparente.