Los científicos comprobaron si una energía oscura temprana especial podría resolver el misterio de la expansión del Universo. Resultó que al añadir no uno, sino dos componentes similares, el conflicto con los datos observacionales se reduce. Es como sintonizar una radio: con un solo mando no se capta la emisora, pero con dos el sonido es más claro. Sin embargo, el problema no ha desaparecido del todo; quizá se necesite otro enfoque.
Los cosmólogos se enfrentaron a un problema de receta: la tasa de expansión del universo medida en el entorno local no coincidía con la tasa deducida del resplandor del Big Bang, el fondo cósmico de microondas. Añadir un solo tipo de energía oscura temprana era como echar una especia extra, pero el sabor aún desentonaba, especialmente al mirar los detalles a pequeña escala en el resplandor. Ahora, han probado un enfoque de dos especias: dos tipos de energía oscura temprana, cada una apareciendo en un momento ligeramente diferente justo después del Big Bang. Esta mezcla suaviza las discrepancias en el resplandor, acercando la tasa predicha de expansión cósmica a lo que miden las observaciones locales, como las de Adam Riess. La tasa predicha salta de 67 a unos 70 kilómetros por segundo por megapársec, casi reconciliándose con el valor local de 73.
🎯 La tasa se mide en kilómetros por segundo por megapársec: un megapársec equivale a 3,26 millones de años luz. Los métodos locales la sitúan en 73, el resplandor del Big Bang en 67. El modelo de dos energías oscuras tempranas eleva la cifra del resplandor a unos 70, casi resolviendo la discrepancia. Y aquí viene el giro: esas energías oscuras tempranas parpadearon durante menos de una billonésima de segundo, pero su firma aún ondula a través del cosmos hoy.