El ARN del SARS-CoV-2 no es solo una cadena, sino una estructura compleja. Tiene una región que se anuda como un cordón enredado. Este nudo ayuda al virus a producir dos proteínas a la vez a partir de un solo fragmento de código genético. Un virus sin ese nudo se replica peor, por eso los científicos buscan sustancias que lo deshagan.
La simulación por computadora mostró que tres fármacos similares actúan sobre el nudo de manera diferente. Si el nudo está atado de una forma, los fármacos deshacen una de sus partes; si está atado de otra, deshacen dos partes distintas. Además, la fuerza de esta destrucción coincide exactamente con lo bien que el fármaco frena al virus en el tubo de ensayo. Es como si una llave solo sirviera para una de las dos cerraduras de la misma puerta.
Ahora los científicos saben que, para crear un fármaco contra el virus, hay que tener en cuenta tanto la forma del nudo como la acidez. Es como reparar el mecanismo de un reloj: no basta con cambiar el muelle, también hay que saber en qué posición se han atascado los engranajes.
El nudo en el ARN del coronavirus hace que el ribosoma (la maquinaria celular que ensambla proteínas) a veces retroceda un paso; este fallo es lo que permite al virus obtener dos proteínas a partir de un mismo fragmento de código.
En la ciencia ficción, a menudo se muestra a los virus que hackean la célula como un hacker que hackea un programa. Aquí, los científicos buscan literalmente un «antivirus» que impida que el código malicioso se ejecute.