Una cordillera donde la altura es la aptitud del organismo para la vida. Cada punto en la ladera es un conjunto específico de genes. La evolución trepa hacia arriba, pero el relieve de este paisaje está surcado por crestas y depresiones. Un movimiento en falso y la mutación arrojará a la especie al abismo de la extinción.
La naturaleza tiene un truco. Muchos cambios en el ADN no afectan en absoluto al organismo, como un sendero que recorre una meseta plana. Estas mutaciones neutras crean vastas redes por las que se puede deambular sin perder altura. Tarde o temprano, el caminante se topa con una nueva pendiente y asciende más. La evolución no se queda atascada para siempre en hoyos locales, simplemente los rodea.
Los autores de la revisión proponen una nueva forma de medir la transitabilidad de estos paisajes, basada en los resultados reales de la evolución, no en mapas abstractos. También recuerdan que el camino a la cima no siempre es recto. A veces, un paso lateral o incluso un descenso temporal abre la ruta hacia nuevas alturas. Al final de este viaje, la especie se encuentra donde no habría podido llegar si solo hubiera subido.
Si todas las mutaciones fueran dañinas, la evolución se detendría. Los cambios neutros funcionan como pasadizos secretos en un laberinto, permitiendo acumular diversidad oculta para futuros impulsos.
En 'Parque Jurásico', los dinosaurios resucitados se adaptan rápidamente al nuevo mundo: su paisaje genético resultó ser lo suficientemente accidentado como para encontrar senderos inesperados.