Una orquesta donde cada músico toca su parte y el director intenta captar la melodía general. Así es como los físicos observan los electrones en los cupratos, materiales cerámicos que conducen la corriente sin resistencia a temperaturas superiores a las del nitrógeno líquido. Los protagonistas son los átomos de cobre y oxígeno. Entre ellos, los electrones saltan, interactúan y crean un efecto sorprendente. Pero en un cristal real hay demasiados instrumentos y la melodía se ahoga en el ruido.
Para escucharla, los científicos construyen simuladores cuánticos: 'cristales' artificiales hechos de luz y átomos ultrafríos. Aquí, los átomos reemplazan a los electrones, y los cruces de los rayos láser crean una red perfecta para ellos, como un panal de abejas. En el nuevo trabajo se propone un esquema donde rayos de diferentes longitudes de onda y polarizaciones forman no simples celdas, sino 'apartamentos' complejos con dos habitaciones: una para los átomos de 'cobre' y otra para los de 'oxígeno'. Esta construcción reproduce exactamente el modelo de tres bandas de Emery, que describe los cupratos de manera mucho más realista que las simplificadas casas de una sola planta.
Los autores no solo propusieron el plano, sino que lo probaron mediante simulaciones por computadora. Primero siguieron cómo un átomo solitario deambula por la red y verificaron que sus trayectorias coinciden con las predicciones teóricas. Luego 'calentaron' el sistema y observaron la transición de conductor a aislante, igual que en los cupratos reales. Junto a esta transición surgieron indicios de orden magnético: los espines de los átomos (sus pequeñas agujas magnéticas) comenzaron a alinearse en un patrón de tablero de ajedrez.
El truco más ingenioso es el protocolo de 'estudio del hamiltoniano'. Funciona como un traductor: toma el complejo modelo de tres bandas y lo reformula en el lenguaje de un modelo simple de una banda. Esto permitirá a los experimentadores comparar resultados con los datos ya acumulados y encontrar más rápido la clave de la superconductividad de alta temperatura.
Así, la orquesta de luz comienza a tocar la melodía de los electrones. Y cuanto mejor afinemos los instrumentos, más cerca estaremos de la solución, y también de superconductores que no necesiten frío profundo.
La temperatura más alta de superconductividad en cupratos alcanza -140°C, más cálido que la superficie de Marte, pero aún más frío que un congelador.
En la novela 'El problema de los tres cuerpos' de Liu Cixin, los alienígenas crean computadoras superconductoras para superar las limitaciones de la electrónica convencional; simuladores como estos podrían ser el primer paso hacia esa tecnología.