El plutonio es un metal con carácter. Una de sus formas se contrae al enfriarse, otra se hincha. Pero a temperatura ambiente la aleación se comporta de manera extraña: la regla dice una cosa y los rayos X dicen otra. La regla indica que la muestra apenas crece, mientras que los rayos X ven cómo los átomos de la red cristalina se separan cada vez más. ¿Dónde desaparece el volumen sobrante?
La respuesta puede estar en la aparición de una fase invisible. Dentro del metal se forman regiones donde los átomos están empaquetados más densamente que en la red ordinaria, pero no tan densamente como en la forma más comprimida. Estas regiones son como burbujas en la masa, pero al revés: no expanden el material, sino que lo contraen. Los rayos X no las ven porque no tienen una estructura cristalina regular: es un estado amorfo, parecido al vidrio.
Así, el plutonio se "cura" a sí mismo: las regiones densas nacen y se disuelven, compensando la expansión de la red. Esto explica por qué las mediciones de longitud y los datos de rayos X no coincidían desde hacía tanto tiempo. Ahora está claro: el metal no solo se expande, sino que se reestructura constantemente desde dentro, como una ciudad en la que se cambian los cimientos sin que las calles se muevan.
Los metales amorfos (vidrios metálicos) se obtienen enfriando el fundido tan rápido que los átomos no tienen tiempo de ordenarse en un cristal. Son más resistentes que los metales ordinarios, pero al calentarse pueden "recordar" el estado cristalino.