
Un elemento químico metálico utilizado aquí como material superconductor en películas delgadas.El aluminio es un elemento metálico ligero, de color blanco plateado (número atómico 13), y es el metal más abundante en la corteza terrestre. En el contexto de los títulos de investigación, el aluminio aparece como material superconductor en películas delgadas, un papel sorprendente, ya que el aluminio puro no es un superconductor convencional a temperaturas fácilmente accesibles. Sin embargo, cuando se deposita como una película extremadamente delgada (de unos pocos nanómetros de espesor), el aluminio puede exhibir superconductividad a temperaturas inferiores a unos 1,2 kelvin, lo que lo hace útil para dispositivos cuánticos. Los títulos mencionan el aluminio en relación con los bits cuánticos (qubits), los vórtices magnéticos y la electrónica de película delgada, donde sus propiedades se diseñan cuidadosamente.
El aluminio fue aislado por primera vez como metal puro por Hans Christian Ørsted en 1825, aunque se conocía en compuestos durante siglos. La superconductividad en el aluminio fue descubierta en 1933 por W. Meissner y R. Ochsenfeld, quienes observaron que expulsa los campos magnéticos por debajo de su temperatura crítica.
La superconductividad en el aluminio surge de la formación de pares de Cooper, es decir, electrones que se unen mediante vibraciones de la red (fonones) a bajas temperaturas. En películas delgadas, la dimensionalidad reducida y el aumento de la dispersión superficial alteran la interacción electrón-fonón, a veces mejorando o suprimiendo la temperatura de transición superconductora. La baja masa atómica del aluminio y su estructura electrónica simple lo convierten en un banco de pruebas limpio para estudiar estos efectos. En los circuitos cuánticos, las películas de aluminio se modelan en pequeños resonadores y qubits, donde su estado superconductor permite un flujo de corriente sin pérdidas y coherencia cuántica.
Las películas delgadas de aluminio se utilizan en qubits superconductores para computadoras cuánticas, en detectores de fotón único y en magnetómetros ultrasensibles (SQUIDs).
El aluminio fue alguna vez más valioso que el oro: a mediados del siglo XIX, era tan difícil de refinar que Napoleón III servía a sus invitados más distinguidos con cubiertos de aluminio mientras que otros usaban oro.

























