En el Sol hay regiones que parecen una caldera sobrecalentada: los campos magnéticos se retuercen como cuerdas tensas y acumulan energía. De vez en cuando la cuerda se rompe y se produce una llamarada, una explosión poderosa que lanza al espacio corrientes de partículas cargadas. Estas explosiones pueden dejar fuera de servicio satélites y perturbar las comunicaciones en la Tierra.
Los científicos han ideado una forma de saber de antemano dónde está a punto de romperse la cuerda. Observan pequeños destellos brillantes en luz ultravioleta, que solo se ven con telescopios especiales y duran de un minuto a una hora. Resulta que en las regiones donde en unas horas ocurrirá una gran explosión hay cinco veces más de estos destellos que en zonas tranquilas. Es como si antes de un terremoto, en un barrio empezaran a parpadear las bombillas con frecuencia.
Por ahora el método se ha probado en dos regiones del Sol: una produjo una llamarada potente y la otra permaneció tranquila. El resultado es alentador: varias horas antes de la explosión, el número de pequeños destellos aumenta bruscamente. Si esto se confirma con más observaciones, los pronósticos del clima espacial serán más precisos, y tanto los satélites como las redes eléctricas en la Tierra estarán más seguros.
Los pequeños destellos que preceden a la gran llamarada duran solo unos minutos, pero su energía total es comparable a la de millones de bombas atómicas.
En la película «Señales» (Knowing), las llamaradas solares destruyen toda la vida en la Tierra: una advertencia temprana podría haber dado a la humanidad la oportunidad de refugiarse.