Los vacíos cósmicos (voids) — enormes regiones poco densas del Universo — no están del todo vacíos: contienen gas, pero un 60% menos que el promedio. Esto se descubrió «iluminando» los voids con ráfagas de radio lejanas, como linternas cuya luz reveló la cantidad de electrones en el camino. ¿Qué más se esconde en estas «burbujas» cósmicas y cómo ayudan a estudiar la energía oscura?
El universo está estructurado como una esponja: tiene regiones densas, repletas de galaxias y gas, y poros gigantes — los vacíos cósmicos. Estos vacíos ocupan la mayor parte del espacio, pero su contenido seguía siendo un misterio — la materia allí casi no se manifiesta.
Ahora los astrónomos han «palpado» los vacíos con ayuda de ráfagas rápidas de radio — pulsos superpotentes que provienen de galaxias lejanas. Al atravesar los poros, el pulso se retrasa ligeramente al toparse con electrones — minúsculas partículas cargadas que quedan en el gas. Como el agua que rodea las fibras de la esponja pierde velocidad. Midiendo el retraso de miles de estas ráfagas, los científicos pesaron por primera vez el gas invisible, principalmente hidrógeno.
Paradoja: este gas se calienta a millones de grados, pero debido a su ínfima densidad casi no transmite calor. Si estuvieras en un vacío, te congelarías, no te quemarías. Tales investigaciones de los vacíos son críticas: permiten estudiar la energía oscura y las propiedades de los neutrinos casi esquivos, refinando los modelos de expansión del universo.
🎯 Si la Vía Láctea estuviera en el centro de un vacío así, el cielo nocturno sería absolutamente negro — ni una sola galaxia, solo unas pocas estrellas tenues.