Una cadena infinita de átomos espaciados uniformemente. Desplaza toda la cadena un paso y la imagen no cambia. Esto es la simetría traslacional: el mundo se ve igual en cualquier dirección. Parecería que una regla tan simple debería generar estados simples, como una red cristalina ensamblada con bloques idénticos.
Pero los autores recontaron esos bloques. Resulta que los estados que se asemejan a piezas independientes (llamados estados con entrelazamiento de corto alcance) simplemente no son suficientes en número. Para llenar todo el espacio de posibilidades, hay que usar estados donde partes lejanas están invisiblemente conectadas, como si cada ladrillo de una pared recordara a un vecino a cien metros. Esta conexión no se ve en las mediciones ordinarias: las correlaciones entre partes distantes siguen siendo cero, pero el entrelazamiento no ha desaparecido.
Este descubrimiento añade una nueva dimensión a la comprensión de los sistemas cuánticos. Antes se pensaba que si no hay correlaciones a larga distancia, entonces el entrelazamiento es de corto alcance. Ahora está claro: existen estados mixtos donde el entrelazamiento se esconde más profundamente, cambiando la propia clasificación de las fases de la materia. Así, la simplicidad cristalina se convierte en una complejidad que aún hay que asimilar.
Los cristales ordinarios, como la sal de mesa, tienen simetría traslacional: sus átomos se repiten a intervalos regulares. Pero en el mundo cuántico, incluso ese orden puede ser una ilusión detrás de la cual se esconde un entrelazamiento irreductible.