Cuando se necesita ver el cerebro por dentro, normalmente se coloca a la persona en un tubo estrecho de resonancia magnética o se irradia con rayos X. Ambos métodos son caros, voluminosos y no siempre están disponibles. Los ingenieros estudiaron una alternativa: un radar que envía pulsos de radio débiles y capta el reflejo de las distintas capas del tejido.
En el modelo computacional, la cabeza se llenó con sustancias de densidad similar al cerebro, al hueso y al líquido. Se dirigieron dos tipos de antenas: un pequeño "parche" rectangular (Patch) y una placa que se expande suavemente (Vivaldi). La primera funciona como una linterna estrecha: la señal se concentra en un punto y señala con claridad dónde se esconde la masa. La segunda se asemeja a un reflector amplio: abarca mucho espacio, pero pierde nitidez.
El resultado es alentador: el "parche" ilumina con seguridad un tumor del tamaño de un hueso de cereza, y el "abanico" sirve para una revisión rápida de un hemisferio. Por ahora es solo una simulación, pero muestra que las ondas de radio podrían convertirse en una herramienta ligera e inofensiva, especialmente en zonas rurales y clínicas móviles, donde no se puede llevar un imán de varias toneladas.
La palabra "radar" se inventó en 1940 como abreviatura de Radio Detection And Ranging, es decir, "detección y medición de distancia mediante radio".
En la novela "Minority Report" de Philip K. Dick, el escaneo cerebral predice crímenes, aunque allí no se usaban ondas de radio, sino lectura de pensamientos.