Una farola parpadea cuando alguien pasa por delante. Algo parecido hace la estrella más cercana a nosotros, Próxima Centauri: se enciende en respuesta al movimiento de sus planetas.
Los astrónomos observaron esta estrella con un instrumento muy sensible, el espectrógrafo ESPRESSO. Este capta la luz y la descompone en colores, como un prisma. Los científicos notaron que el pequeño planeta Próxima d (del tamaño de Marte) hace que la estrella emita llamaradas en momentos muy concretos de su órbita. Es como si el planeta tirara de un hilo magnético que lo une a la estrella, y esta respondiera con una breve chispa brillante. Es la primera vez que se observa este comportamiento en un planeta rocoso fuera del Sistema Solar.
El segundo planeta, Próxima b (del tamaño de la Tierra), actúa de otra manera. No hace que la estrella emita llamaradas con más frecuencia, pero modifica su intensidad. Si Próxima d es como un niño que tira del cordón, Próxima b sería como alguien que gira suavemente el regulador de brillo. Los científicos incluso han calculado el campo magnético del planeta d: entre 3 y 280 gauss. Para que te hagas una idea, el de la Tierra es de unos 0,5 gauss, y el de un imán de nevera, de unos 100 gauss. Así que este planeta podría ser un auténtico enano magnético.
Este descubrimiento es un primer paso para poder escuchar las conversaciones magnéticas de mundos lejanos. Quizás en el futuro esta conexión nos ayude a saber si un planeta tiene un campo magnético protector. Ese campo lo resguarda del viento estelar, igual que un paraguas nos protege de la lluvia. Y, por tanto, también nos permitirá evaluar las posibilidades de vida bajo un sol ajeno.
El campo magnético de Próxima d puede ser cientos de veces más fuerte que el terrestre, comparable al de un imán potente que cuesta despegar de la nevera.
En la novela 'Solaris' de Stanislaw Lem, el océano del planeta interactuaba con la estrella; aquí, un planeta real se 'comunica' mediante llamaradas magnéticas.