El ultrasonido no es solo para ver bebés en la pantalla. Con él se pueden escanear músculos y tendones, pero hay un problema: los huesos. Para el sonido, son como un espejo para la luz. El reflejo es tan fuerte que detrás de ellos no se ve nada.
El nuevo enfoque recuerda a sintonizar una radio antigua. Primero captas la estación al azar, girando la perilla de forma gruesa. Así también aquí: la primera etapa, un método rápido de ondas viajeras, da una imagen aproximada. Luego entra en juego el ajuste fino: el algoritmo de inversión de forma de onda completa (que reconstruye las propiedades del tejido según cómo lo atravesó el sonido) completa los detalles. Antes, sin un buen punto de partida, este método preciso simplemente no funcionaba, como si intentaras captar una estación lejana comenzando desde la mitad de la escala. Ahora, gracias a la orientación gruesa, funciona incluso en zonas difíciles con muchos huesos.
Los autores probaron el método en modelos computacionales, en muestras de tejido en probeta y en personas vivas. En todos los casos, la imagen resultó tan buena como con condiciones iniciales ideales, pero sin cálculos innecesarios.
El ultrasonido atraviesa los músculos casi con la misma facilidad con que la luz atraviesa el agua, pero si choca con un hueso, el 99% de la energía se refleja de vuelta.