Una trampa invisible de luz láser retuvo 11 mil átomos: un récord para la ingeniería cuántica. Antes los físicos se las arreglaban con decenas de estas partículas; ahora la cuenta llegó a miles. Cada átomo se convierte en un cúbit —un bit cuántico, a la vez cero y uno, como una moneda girando sobre su canto.
La clave del éxito es una metasuperficie plana del tamaño de una moneda. Funciona como una lente sin vidrios voluminosos, instalada fuera de la cámara de vacío. Los rayos de luz se enfocan en puntos perfectos, sujetando los átomos como cuentas en hilos invisibles. La carga es caótica, algunos lugares quedan vacíos, pero este proceso, llamado entropía (medida del desorden), en realidad ayuda al sistema a funcionar.
Es sorprendente que dentro de la cámara la presión sea mil millones de veces inferior a la atmosférica, casi un vacío cósmico, sin el cual cualquier colisión destruiría el estado cuántico. Ya Richard Feynman y David Deutsch soñaban con estas computadoras: podrán modelar medicamentos y descifrar códigos, resolviendo problemas inalcanzables para las máquinas comunes.
🎯 La metasuperficie que reemplaza la óptica voluminosa no es más grande que una moneda, pero puede crear 11 000 trampas láser simultáneamente.
🎬 Las computadoras cuánticas a menudo se describen en la ciencia ficción como máquinas de increíble potencia; por ejemplo, en la novela «El ladrón cuántico» de Hannu Rajaniemi.