El cerebro no aprende cada tarea desde cero: transfiere experiencia de una actividad a otra. Pero, ¿cómo saber qué tareas son realmente afines? Los neurocientíficos idearon un truco ingenioso: dejar que una red artificial "espíe" la actividad cerebral durante una tarea e intente predecir la actividad durante otra. Si lo logra bien, las tareas son cercanas. Si no, el cerebro utiliza mecanismos completamente diferentes.
Resultó que las tareas motoras (aquellas en las que hay que mover manos o pies) forman un círculo cerrado de ayuda mutua. Transfieren habilidades entre sí perfectamente, pero apenas ayudan, por ejemplo, a resolver problemas matemáticos o al reconocimiento de rostros. Es como los deportistas: un jugador de baloncesto aprenderá fácilmente voleibol, pero eso difícilmente acelerará su aprendizaje del ajedrez. El movimiento y el pensamiento viven en diferentes "barrios" del cerebro.
Luego, los científicos pasaron de comparaciones por pares a una situación más realista: cuando los recursos son limitados y hay que elegir solo unas pocas tareas para el entrenamiento directo, para luego enfrentar el resto. Mediante programación entera booleana (un método de exploración de opciones con condiciones claras de "sí/no"), examinaron las posibilidades y encontraron un líder inesperado: las tareas de memoria de trabajo, donde hay que mantener varios objetos en la mente y responder a ciertas señales. Estas fueron las que con mayor frecuencia entraron en el "conjunto dorado".
Este enfoque recuerda a la elaboración de un horario escolar: en lugar de enseñar todo por igual, se pueden destacar algunas materias clave que arrastren al resto. El estudio muestra por primera vez cómo la transferencia de experiencia funciona no en parejas, sino en toda una red de tareas, y qué nodos de esa red son los más valiosos.
Las tareas que implican movimientos de dedos, lengua o pies apenas ayudan a las tareas de emociones o cálculo, aunque dentro de su "familia motora" se apoyan perfectamente, como hermanos que hablan el mismo idioma pero no entienden a los vecinos.