Es muy probable que los ordenadores cuánticos del futuro se comuniquen mediante luz. El átomo almacena la información y el fotón la transporta por la red. Pero el átomo no permanece inmóvil: tiembla, oscila, y ese movimiento puede estropear la señal.
Antes, los ingenieros solo sabían calcular el caso de un átomo inmóvil. Los autores del nuevo trabajo han construido por primera vez una teoría completa que tiene en cuenta el temblor del átomo. Han deducido una ecuación sencilla, una especie de «traductor» entre el movimiento del átomo y el estado del fotón reflejado. Resulta que el efecto depende de cómo se mantiene sujeto el átomo, es decir, en qué tipo de «trampa» se encuentra.
Ahora se puede calcular de antemano en qué condiciones el movimiento no estropeará la compuerta cuántica, la operación básica equivalente a la suma en un ordenador clásico. Y, a largo plazo, incluso se podría aprovechar el propio movimiento como un recurso útil, por ejemplo, para codificar información adicional.
El temblor de un átomo en una trampa se parece al de una cuerda de guitarra: tiene sus propias frecuencias y amplitudes que pueden medirse y controlarse con precisión.