Un trompo infantil, al perder energía de rotación, frena por sí solo; con un generador acoplado, mucho más rápido. Los astrónomos buscan el mismo efecto en las estrellas: un giro demasiado lento podría delatar tecnología extraterrestre. Tras analizar el archivo del telescopio Kepler, que durante años midió brillo (fotometría) y vigiló planetas alrededor de 6725 estrellas similares al Sol, los científicos hallaron dos 'remolonas': su rotación iba muy por detrás de la norma evolutiva. Pero una es frenada por un compañero invisible, y los datos de la otra están contaminados por una vecina. No hay señales tecnológicas, pero se establece un límite: estos recolectores no aparecen más de una vez por cada 2000 estrellas. La gran ventaja del método es su invisibilidad: no busca calor, sino que capta la desaceleración oculta. Futuros sondeos con espectroscopia (composición química), radioastronomía y interferometría (imágenes súper nítidas) examinarán millones de estrellas, teniendo en cuenta la formación estelar y la metalicidad (fracción de elementos pesados). Sorpresa: para dejar rastro, una civilización necesitaría extraer el 94% de la energía rotacional... como frenar al Sol hasta detenerlo en mil millones de años. La idea se nutre de los trabajos pioneros de William Borucki (misión Kepler) y Subrahmanyan Chandrasekhar (evolución estelar).
Para delatarse, los ingenieros alienígenas tendrían que extraer el 94% de la energía rotacional de la estrella... algo así como frenar al Sol hasta pararlo en un lapso cien veces menor que su edad.