Las señales de radio en una habitación se comportan como el sonido en una sala de conciertos: al rebotar en paredes y objetos, crean un patrón irrepetible, una melodía silenciosa de cada lugar. El teléfono, como un oído atento, capta esa melodía entre interferencias y distorsiones. Memoriza qué acorde corresponde a la esquina del sofá y cuál al marco de la puerta.
El sistema es tan sensible que detecta la respiración: el leve movimiento del pecho apenas altera el patrón de reflejos, y esto ya se usa para monitorizar el sueño. De ahí a la navegación en el metro y en fábricas sin satélites hay un solo paso.
La señal, al reflejarse en el cuerpo, capta incluso la respiración: el leve ascenso del pecho desplaza ligeramente la nota invisible. Esto ya se utiliza para vigilar el sueño sin cámaras ni sensores.
En la película ‘El caballero oscuro’, Batman convirtió todos los teléfonos de Gotham en un enorme sistema de vigilancia. Un enfoque similar, pero para navegación pacífica, ya se está desarrollando en laboratorios.