La atmósfera de un planeta es como el vapor sobre una olla: su composición depende de lo que se «cocina» en su interior. Pero la luz de la estrella madre, como el fuego, altera ese vapor. En un nuevo estudio, los científicos descubrieron cómo a partir de estos cambios se puede entender la estructura interna de los exoplanetas — mundos alrededor de otras estrellas. La clave resultó ser el azufre, que deja huellas notables en la atmósfera.
La principal herramienta es el método de tránsito: cuando un exoplaneta eclipsa parte del disco de su estrella madre, los rayos atraviesan su atmósfera y dejan en el espectro «huellas» características de las moléculas. Esta técnica de espectroscopía (descomposición de la luz en colores) fue desarrollada, entre otros, por David Charbonneau. Y la simulación por ordenador ayudó a predecir cómo se comportarían diferentes mezclas de gases bajo la radiación de estrellas como el Sol y las enanas rojas — astros pequeños pero activos.
Resultó que las pistas espectrales del azufre están directamente relacionadas con el estado de oxidación-reducción del manto — en pocas palabras, con la cantidad de oxígeno en las profundidades. Este hallazgo proporciona a los astrónomos un indicador fiable para buscar planetas similares al nuestro.
En la Tierra, el dióxido de azufre (SO₂) volcánico ayuda a seguir erupciones submarinas, y en planetas lejanos podría convertirse en una «ventana» a su interior.