Un electrocardiograma es como la grabación de una conversación: el corazón susurra algo y alrededor hay ruido de obra. La fibrilación auricular, en la que las aurículas tiemblan en lugar de contraerse, cambia ese susurro de forma casi imperceptible. Un médico con experiencia nota la diferencia, pero en un hospital hay muchos registros y aún más ruidos: la persona se mueve, encienden un aparato cerca, un escalofrío recorre la piel. El programa del que hablan los autores aprende a separar la voz del corazón de cualquier estruendo de fondo.
El secreto es que el programa mira el electrocardiograma con dos ojos a la vez. Un ojo capta el patrón general: cómo late el corazón durante muchos segundos. El otro examina las ondas individuales, como letras en una palabra. Al comparar lo general con lo particular, memoriza qué parte de la señal es del corazón y cuál es interferencia aleatoria. Luego, cuando llega un registro nuevo de otro hospital, tomado con otro aparato, el programa no se pierde: busca la escritura conocida, no una copia exacta de las líneas antiguas.
Esa robustez se parece a reconocer a un amigo entre la multitud: por su forma de caminar y el giro de su cabeza, aunque lleve otra chaqueta y esté en la sombra. Para el médico, esto significa que el asistente inteligente no exigirá un registro perfectamente limpio. Será útil en urgencias, en la ambulancia, en casa de una persona mayor con un cardíografo portátil: en cualquier lugar donde la señal del corazón no se parezca a la imagen de un libro de texto.
La fibrilación auricular es la alteración del ritmo cardíaco más frecuente del mundo. En muchos casos pasa desapercibida y la persona solo se entera después de un ictus, que la arritmia puede provocar.
En la serie «Westworld», las máquinas leen la biometría de las personas para predecir su comportamiento. Aquí hay un principio similar: el programa aprende a ver una señal oculta en el ruido, pero no sirve para controlar, sino para ayudar a tiempo.