En la orquesta del sistema inmunitario, las células B tocan la partitura de los anticuerpos, mientras que los cromosomas sexuales y las gónadas actúan como directores que marcan un tempo distinto. Hasta hace poco, los científicos no lograban dilucidar quién de los dos manda más: si los genes escritos en los cromosomas o las hormonas que producen las glándulas sexuales. En un nuevo trabajo con ratones se consiguió separar esas dos influencias y escuchar las voces por separado.
Para el experimento se usaron ratones del modelo Four Core Genotype, en el que el gen SRY se ha trasladado del cromosoma Y a otro cromosoma. Esto permitió obtener cuatro grupos de animales: con cromosomas XX o XY y con ovarios o testículos, de manera independiente. Los ratones se cruzaron con la línea 5xFAD, que modela la enfermedad de alzhéimer, y a los ocho meses de edad se estudiaron las células B del cerebro y de la sangre.
El acorde más potente sonó en los ratones con la combinación de cromosomas XY y ovarios: en la corteza de su cerebro, los niveles de los anticuerpos IgG e IgM alcanzaron el máximo. Esto significa que la partitura inflamatoria no nace de los cromosomas ni de las gónadas por separado, sino de su trabajo conjunto.
Cuando la enfermedad de alzhéimer entró en la partitura, la orquesta sonó de otro modo. Las diferencias sexuales en el cerebro se borraron: casi todas las células B cambiaron de clase de anticuerpo, como si el ruido inflamatorio general hubiera ahogado las voces individuales. En la sangre, en cambio, apareció una interacción inesperada: en los ratones con cromosomas y gónadas que no coincidían (XX con testículos o XY con ovarios) aumentaba la proporción de células B1, que reaccionan con rapidez ante una amenaza.
Estos resultados cambian la mirada sobre la terapia personalizada de la enfermedad de alzhéimer. Si la respuesta inflamatoria de las células B depende de la combinación de cromosomas y gónadas, quizá los fármacos también haya que ajustarlos a esa combinación. La orquesta de la inmunidad no toca una sola partitura para todos, y ahora tenemos las notas para distinguir la diferencia.
En los ratones con la combinación de cromosomas XY y ovarios (una combinación poco frecuente, posible gracias al modelo genético) se observó el nivel más alto de IgG e IgM en el cerebro, lo que indica una inflamación intensa.
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