Imaginen una orquesta que lleva años interpretando la misma sinfonía. Al principio todos los músicos tocan coordinados, pero con el tiempo alguien empieza a quedarse atrás o a entrar a destiempo. Las notas son las mismas, pero la música ya no suena igual. Algo parecido ocurre con las células de nuestro cuerpo: con la edad se equivocan cada vez más al gestionar sus genes.
Los científicos han ideado un método para medir esos errores. Observan muchísimas células y calculan cuánto se desvía cada una de la norma común. Cuanto mayor es la desviación, peor sigue la célula su programa. Resultó que en las células madre, las que renuevan los tejidos, los errores aumentan con la edad. En cambio, en las células que ya han terminado su desarrollo ese aumento no se produce.
Este conocimiento ayudará a los médicos a evaluar el envejecimiento del organismo a partir de las células, sin recurrir a análisis complicados. Y quizá en el futuro aprendamos a ayudar a las células a volver a tocar a compás.
En las células madre hematopoyéticas de ratón, la descoordinación crece con la edad de forma casi lineal: en los ratones de 30 meses es, en promedio, un 40% mayor que en los de 1 mes. En cambio, en los monocitos terminalmente diferenciados no hay tal aumento, aunque también envejezcan.
En la novela de Greg Egan «Ciudad permutación», las personas digitalizan su conciencia, pero se topan con el problema de la degradación de las copias por la acumulación de errores aleatorios. Una idea parecida está en la base de este trabajo: el envejecimiento celular puede verse como una pérdida gradual de la precisión al reproducir el programa, y no solo como un cambio del propio programa.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.