El hervidero de la turbulencia quema energía de dos maneras distintas. Los remolinos, como embudos en un torbellino, enrollan el fluido y frotan las capas entre sí. Las ondas de choque, como una palmada repentina, comprimen bruscamente el gas y convierten el movimiento en calor. Durante mucho tiempo se pensó que, con viscosidad muy baja, la tasa de estas pérdidas dejaba de depender de ella; esto se conoce como anomalía disipativa. Pero, ¿qué ocurre cuando el flujo se mueve más rápido que el sonido y la compresión se vuelve protagonista? Resulta que la anomalía no es una, sino dos.
Los cálculos numéricos, realizados en mallas de hasta 2048³ puntos, mostraron que la tasa de disipación de energía cinética normalizada alcanza un valor finito a números de Reynolds altos. Sin embargo, ese valor depende del número de Mach, es decir, la relación entre la velocidad del flujo y la velocidad del sonido. Si el flujo es subsónico o transónico (número de Mach menor o cercano a 1), la disipación tiende a una constante. Si el flujo es fuertemente supersónico (número de Mach mayor que 3), tiende a otra. Los datos se dividen en dos ramas, como un camino que se bifurca en un puerto de montaña.
La geometría de estas regiones cambia drásticamente. A velocidades subsónicas, la disipación intensa se distribuye a lo largo de una red de capas de cizallamiento con dimensión efectiva de aproximadamente 2.5. A velocidades supersónicas, se concentra en capas de choque bidimensionales. Los mecanismos de generación también difieren: a números de Mach bajos domina el estiramiento de vórtices; a números altos, la interacción entre movimientos vorticiales y compresivos dentro de las capas de choque. Es como si en un caso la energía la apagara la fricción de muchos engranajes pequeños, y en el otro, el golpe seco de un martillo.
Antes no estaba claro si la anomalía disipativa se mantenía en turbulencia compresible y cómo dependía del número de Mach. Ahora se ve que la anomalía existe, pero se divide en dos ramas. Una rama corresponde a regímenes subsónicos y transónicos; la otra, a fuertemente supersónicos. Esta diferencia está ligada a la reorganización de las estructuras: desde tubos de vórtice y ondas de choque fragmentadas hasta capas de choque dominantes. Este resultado es importante para construir modelos correctos de turbulencia en astrofísica, donde los flujos supersónicos son comunes, y en cálculos de ingeniería de flujos de alta velocidad.
El hervidero de la turbulencia no tiene una receta única para quemar energía. Los vórtices y las ondas de choque, como dos mecanismos distintos, llevan a la misma meta, la pérdida de energía, pero por caminos diferentes. Y estos caminos no se fusionan, incluso cuando la viscosidad se vuelve infinitesimal. La anomalía disipativa en turbulencia compresible resulta ser doble, y esto cambia nuestra comprensión de cómo la energía abandona el flujo.
Con un número de Mach de 10, las regiones de máxima disipación tienen una dimensión de aproximadamente 2, es decir, son casi perfectamente planas, como hojas de papel, aunque el flujo en sí sea tridimensional.