Dos equipos de constructores de puentes trabajaban en orillas opuestas del abismo. Un equipo construía desde el lado de los objetos ligeros, donde las señales duran horas. El otro, desde el lado de los pesados, donde todo ocurre en segundos. Entre ambos había un vacío: objetos con una masa de entre 0,01 y 0,1 masas solares. Sus señales son demasiado rápidas para unos métodos y demasiado lentas para otros. En este trabajo se tendió un puente sobre el abismo.
El puente se construyó con datos de los detectores LIGO correspondientes a dos sesiones de observación. En lugar de revisar miles de millones de variantes, los científicos usaron un método que busca manchas brillantes en un mapa de «tiempo-frecuencia». Es como buscar huellas en la arena: no hace falta examinar cada centímetro, basta con advertir las depresiones. Este enfoque ahorró cientos de horas de cálculo.
En el puente no apareció ningún caminante. Los científicos revisaron todas las señales sospechosas, y todas resultaron ser ruido de los instrumentos, no ondas gravitacionales reales. Pero la ausencia de hallazgos también es un resultado. Ahora sabemos que tales fusiones no ocurren con más frecuencia que cierto límite. Son las primeras restricciones sobre cuántos agujeros negros primordiales pueden esconderse en la materia oscura dentro de este rango de masas.
El puente está en pie. Ahora se puede transitar por él en ambos sentidos: poner a prueba las teorías sobre el origen de los agujeros negros y preparar futuras búsquedas con detectores más sensibles.
La masa chirp es una combinación de las masas de los dos componentes de una binaria que determina el ritmo de cambio de la frecuencia de la onda gravitacional. Para un sistema de dos objetos de 0,05 masas solares cada uno, la señal en el detector LIGO duraría unos 20 minutos, cambiando su frecuencia de 169 a 71 Hz.
La idea de los agujeros negros primordiales como materia oscura se explora en la novela «La escalera de Schild» de Greg Egan, donde objetos compactos exóticos influyen en la estructura del espacio. La búsqueda de objetos subsolares invisibles resuena con la trama de la película «Interstellar», en la que los agujeros negros desempeñan un papel clave en el destino de la humanidad.