
El metano fue identificado por primera vez por el científico italiano Alessandro Volta en 1776. Recogió el gas del fondo del lago Mayor y lo encendió, demostrando que era una sustancia inflamable.
El efecto invernadero del metano es similar al de un edredón de plumas: la luz solar lo atraviesa fácilmente hacia la Tierra, pero la radiación térmica del planeta queda atrapada porque las moléculas de metano vibran y absorben los rayos infrarrojos, como un muelle tensado que resuena a una frecuencia determinada.