
En la década de 1920, Arthur Eddington sugirió la naturaleza nuclear del calor estelar, y en los años 30 Hans Bethe describió las cadenas de reacciones que alimentan las estrellas. En la Tierra, la fusión controlada se investiga desde mediados del siglo XX, pero aún no se ha logrado una ganancia neta de energía.
Los núcleos tienen carga positiva y se repelen. Para fusionarlos, la materia se calienta a millones de grados, convirtiéndose en plasma, un gas de electrones libres e iones. En el plasma, los núcleos chocan y, si tienen suficiente energía, superan la repulsión eléctrica y se unen por la fuerza nuclear fuerte (la más intensa pero de muy corto alcance de la naturaleza).
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