
La palabra 'plasma' (del griego 'moldeado') fue propuesta por el físico estadounidense Irving Langmuir en 1928 mientras estudiaba las descargas eléctricas en gases. Pero el fenómeno se conoce desde hace mucho: los relámpagos y los fuegos de San Telmo son plasma.
Con un calentamiento intenso, las colisiones entre átomos arrancan electrones de sus órbitas. Se forma una mezcla de partículas cargadas que reacciona colectivamente a los campos eléctricos y magnéticos, como una bandada de pájaros que cambia de dirección al unísono.