
Las bases de la teoría de discos se sentaron a mediados del siglo XX. El modelo clave del 'disco α' fue propuesto por N. I. Shakura y R. A. Sunyaev en 1973. Antes, en 1916, Karl Schwarzschild encontró la solución de las ecuaciones de Einstein para un agujero negro sin rotación, y Subrahmanyan Chandrasekhar determinó en los años 30 la masa límite de las enanas blancas. En los años 60 el descubrimiento de los cuásares mostró que la acreción sobre agujeros negros supermasivos explica su colosal luminosidad.
Toda nube de gas tiene al menos una pequeña rotación propia. Al caer hacia el centro, conserva el momento angular (impulso rotacional) y por eso se aplasta en un disco. Luego, la fricción viscosa desempeña un papel clave: transfiere el momento angular de las capas interiores a las exteriores, permitiendo que el gas avance hacia dentro. La energía gravitatoria liberada durante la caída se convierte en calor y radiación, que es lo que observamos.