Este trabajo muestra cómo en dos partículas surgen conexiones cuánticas gracias a las simetrías distorsionadas del espacio-tiempo cuántico. Una regla inusual de suma de energía y momento genera una interacción que frena la decoherencia (destrucción de estados cuánticos) y crea entrelazamiento y correlaciones. Se evaluaron utilizando varias métricas. La conclusión principal: aunque el espacio-tiempo cuántico finalmente destruye el entrelazamiento, también promueve la creación y preservación de correlaciones tanto clásicas como cuánticas, de manera similar a como la fricción dificulta el movimiento pero al mismo tiempo permite caminar.
El entrelazamiento cuántico es cuando dos partículas permanecen unidas de manera indisoluble, aunque se alejen a extremos opuestos del universo. Durante mucho tiempo se creyó que las curvaturas del espacio-tiempo destruían ese vínculo, haciendo que las partículas se «olvidaran» la una de la otra. Pero un nuevo estudio muestra que es al revés.
Si el espacio-tiempo, en escalas microscópicas, se asemeja a una ondulación, las leyes habituales de suma de energías e impulsos cambian. Surge una interacción especial que protege la coherencia cuántica.
Así, la deformación del espacio-tiempo no solo no interfiere, sino que ayuda a mantener las partículas sincronizadas, incluso cuando el entorno aumenta la entropía, medida del desorden.
Lo más inesperado: cuando el vínculo cuántico finalmente se desvanece, la correlación estadística ordinaria perdura más tiempo. Esto concuerda con la hipótesis de John Wheeler sobre la «espuma cuántica», esa ebullición eterna que subyace a la realidad. Esa espuma se convierte en el escenario de este asombroso ballet.
🎯 Si la decoherencia no destruyera los efectos cuánticos, una sola observación podría reescribir la realidad, y nuestro mundo clásico nunca habría surgido.