En verano, en el mar de China Meridional se puede observar un fenómeno curioso: en el norte el agua se calienta, mientras que en el sur, al mismo tiempo, se enfría. Al año siguiente ocurre lo contrario. No es casualidad, sino un balancín persistente que el océano mece cada verano.
Los científicos analizaron la temperatura entre 50 y 150 metros de profundidad durante 26 años y encontraron el patrón principal: una diferencia entre el norte y el sur, con un límite alrededor de los 11° de latitud norte. Cuando el monzón de verano es fuerte, el norte se enfría y el sur se calienta. Cuando el monzón es débil, ocurre lo contrario. Este balancín está relacionado con el contenido de calor del océano y depende de la fase de El Niño.
Entre el norte y el sur opera una circulación oculta: el agua cálida fluye hacia donde hace más frío, y viceversa. Es como un balancín en el que los dos extremos intercambian constantemente su altura, pero aquí, en lugar de altura, se intercambia calor.
Antes no se entendía cómo cambiaba la temperatura subsuperficial de un año a otro ni qué la controlaba. Ahora está claro: el interruptor principal es el monzón de verano, y detrás de él está El Niño. Este descubrimiento ya ayuda a pronosticar ciclones tropicales y olas de calor subsuperficiales, que amenazan a los corales y a la pesca.
El balancín en el océano no es visible desde la superficie, pero determina cuánto calor se esconde en la capa superior del agua. Y cuando el monzón lo vuelva a mecer, sabremos a qué atenernos.
El dipolo subsuperficial no es visible en la superficie: allí, con un monzón fuerte, toda la cuenca se enfría debido a la evaporación y al afloramiento, mientras que el dipolo se oculta a más de 50 metros de profundidad.