La luz solar, recogida con una lente de Fresnel y transmitida a través de 20 metros de fibra plástica, tenía una potencia de solo 3 microvatios, un millón de veces menor que la de un puntero láser típico. Esto fue suficiente para que en el cristal no lineal nacieran pares de fotones vinculados por su posición. Uno de los fotones del par atravesaba el objeto, el segundo era escaneado por un detector, y las coincidencias dibujaban la imagen. Así funciona la imagen cuántica.
Antes, para esto se requería un láser, una fuente de luz coherente que necesita alimentación y un ajuste preciso. En el nuevo trabajo, la luz solar se recogió en el tejado, se siguió al Sol y se envió al laboratorio a través de una fibra. Dentro del cristal PPKTP, los fotones de bombeo solar se dividían en pares de menor energía. La correlación posicional, la conexión entre las posiciones de dos fotones, no se destruyó ni siquiera con el amplio espectro de la luz solar.
Esto abre el camino hacia sistemas cuánticos sin láseres ni alimentación externa. En el espacio, la luz solar es abundante, y estas fuentes podrían reducir la masa y el consumo energético de los equipos. Los límites del enfoque, la influencia de la atmósfera y la coherencia mínima necesaria, aún deben estudiarse. Pero el primer paso está dado: la luz que durante miles de millones de años inunda la Tierra de forma gratuita, ahora puede alimentar tecnologías cuánticas.
La luz solar, recogida con una lente de Fresnel y transmitida a través de 20 metros de fibra de plástico, tenía una potencia de solo 3 microwatios, un millón de veces menor que la de un puntero láser típico, pero fue suficiente para la imagen cuántica.
La idea de utilizar la luz natural para tecnologías cuánticas recuerda a la novela de Arthur C. Clarke 'Viento solar', donde las naves espaciales utilizan la presión de la luz solar. Aquí la luz solar no empuja, sino que genera pares entrelazados, pero ambos enfoques explotan un recurso natural omnipresente.