La luz solar se hace pasar a través de un cristal que divide cada fotón en dos mitades entrelazadas. Su vínculo invisible permite obtener imágenes donde la óptica común no ve: en la niebla, bajo el agua turbia, en casi total oscuridad. Antes solo los láseres — voluminosos y caros— podían lograrlo. A
arXiv:2508.11207 · 2025-08-15