
El Sol ha sido adorado desde la antigüedad. En el siglo XIX, Joseph von Fraunhofer descubrió líneas oscuras en su espectro, y en 1925, Cecilia Payne-Gaposchkin demostró que el Sol está compuesto principalmente de hidrógeno. En el siglo XX, los físicos descubrieron la fuente de su energía: la fusión termonuclear.
En el núcleo del Sol, bajo una presión y temperatura colosales, los núcleos de hidrógeno se fusionan para formar helio, liberando energía. Esta energía atraviesa lentamente el interior de la estrella hasta la superficie y se irradia al espacio. De este modo, el Sol ha estado brillando durante 4600 millones de años y seguirá haciéndolo durante aproximadamente el mismo tiempo.