Se afirma que identificar universalmente el tiempo con la entropía es un error categorial. La entropía da cuenta de la flecha del tiempo, pero no del tiempo en sí. Se demuestra que incluso en el escenario de la muerte térmica del Universo (entropía máxima), la estructura temporal fundamental se conserva, apoyándose en las correlaciones del vacío cuántico y la geometría del espacio-tiempo. En consecuencia, el crepúsculo del tiempo no es una desaparición, sino la pérdida de direccionalidad.
El tiempo a menudo se compara con un río que fluye del orden al desorden. El aumento del desorden — la entropía — ciertamente establece una dirección. Pero Ludwig Boltzmann demostró: el río y su corriente no son lo mismo. El tiempo es el cauce, no el flujo. Cuando el Universo se expanda hasta el límite y alcance un equilibrio total, todos los procesos se detendrán. La energía se distribuirá uniformemente, las estrellas se apagarán. Pero el tiempo en sí, entretejido en las curvaturas del espacio-tiempo, no desaparecerá en absoluto. Se volverá como un río que desemboca en un océano ilimitado: el agua está allí, pero no hay corriente. El pasado y el futuro perderán sentido: todo se fusionará en un inmenso «ahora». En un mundo así, los fragmentos de una taza rota podrían juntarse por sí solos para formar una taza entera: la dirección del tiempo habría desaparecido. Este conocimiento separa la esencia física del tiempo del flujo habitual de los acontecimientos.
🎯 En el estado de muerte térmica, la temperatura descenderá a fracciones de grado por encima del cero absoluto. Un solo fotón será un calor insoportable en ese vacío helado.
🎬 Isaac Asimov en el relato «La última pregunta» describió el fin de la entropía, pero incluso allí el tiempo sigue siendo un río sin corriente.