En el rango de milihercios, las ondas gravitacionales no se detectan en la Tierra debido al ruido sísmico. Sin embargo, la Luna es sísmicamente tranquila, y su superficie, bajo la acción de las ondas, vibra en sus frecuencias propias (modos normales), como un resonador gigante. El proyecto LILA instalará en la Luna un interferómetro láser, cuya sensibilidad en la fase Pioneer estará limitada solo por el ruido térmico browniano de la óptica: suficiente para estudiar agujeros negros y estrellas de neutrones. La siguiente etapa, LILA Horizon, promete llegar hasta el horizonte del Universo. La Luna se convertirá en un instrumento capaz de escuchar el rumor del nacimiento cósmico.
Las ondas gravitacionales son vibraciones del espacio-tiempo predichas por Einstein hace más de un siglo. Los detectores terrestres las captan con láseres, pero son ciegos a las frecuencias bajas: lo impiden los temblores de la corteza terrestre y las vibraciones térmicas de los espejos. La Luna es el oyente ideal: sin viento, sin océanos, sin tectónica. Una onda gravitacional de baja frecuencia al pasar hace que la Luna suene como una campana. La misión LILA instalará sensores láser para captar ese sonido.
LILA Pioneer registrará fusiones de agujeros negros y estrellas de neutrones en frecuencias de milihercios a decihercios. LILA Horizon llegará hasta el borde del universo visible, donde nacieron las primeras galaxias. Así escucharemos el eco de la expansión del universo. Una idea de hace medio siglo alcanza una escala cósmica.
🎯 En los años 60, [scientist:Joseph Weber]Joseph Weber[/scientist] construyó el primer detector: un cilindro de aluminio que actuaba como campana. Hoy hemos convertido en campana a toda la Luna.