
En 1934, Walter Baade y Fritz Zwicky predijeron la existencia de las estrellas de neutrones. La primera fue descubierta en 1967 por Jocelyn Bell Burnell como un púlsar, una fuente de pulsos regulares de radio.
La estrella de neutrones permanece visible gracias al calor residual y a su potente campo magnético. Al girar rápidamente, los haces de radiación de los polos magnéticos barren la Tierra como la luz de un faro, y así detectamos los púlsares.