El último tirón de la materia hacia un objeto compacto genera ondas gravitacionales, ondulaciones en el espacio-tiempo. Esta 'zambullida' suena diferente para un agujero negro que para su imitador: un objeto superdenso parecido a un agujero, pero que no engulle todo sin retorno.
Si en el centro hay un agujero negro real, la señal de la zambullida es sorda y carece de peculiaridades. Pero si hay un imitador, aparece un repique: a bajas frecuencias, en el espectro se forma un peine de resonancias uniformes, como si una campana emitiera notas puras. A alta frecuencia, esta melodía se interrumpe bruscamente, como un disco rayado. Sorprendentemente, este 'sonido' no solo revela si es falso, sino también la estructura interna del imitador. Al sumar las grabaciones de cientos de zambullidas, los astrónomos amplifican las señales débiles, como en una larga exposición fotográfica.
Los agujeros negros son predecibles: según el teorema de la 'calvicie', solo tienen tres parámetros: masa, carga y rotación. Sin embargo, los imitadores pueden tener una estructura compleja, lo que genera ese repique característico.
En la película 'Interstellar', el protagonista se sumerge en un agujero negro en busca de datos. Quizás en el futuro, los detectores gravitacionales adviertan a los astronautas con antelación si es un agujero real o un peligroso imitador, analizando su 'repique'.