Al elegir entre café o té, su cerebro oscila como una partícula cuántica. Las neuronas crean estados entrelazados sin cuantos físicos: basta con la sincronización de ritmos. Pronto, el EEG mostrará cómo el pensamiento «da vueltas en círculo» como en un laberinto cuántico.
🎯 El EEG registra ritmos cerebrales que recuerdan el centelleo de las galaxias. Los astrofísicos usan la espectroscopia desde hace tiempo; ahora los neurocientíficos también se armarán con ella para observar los efectos cuánticos del pensamiento.