Las enormes burbujas de rayos gamma por encima y por debajo del centro de la Vía Láctea se consideraron durante mucho tiempo resultado de la actividad del agujero negro supermasivo. Nuevas simulaciones computacionales han mostrado que esas mismas estructuras pueden surgir simplemente por el nacimiento y la muerte de estrellas masivas. Este descubrimiento nos obliga a replantearnos el aliento de las galaxias: ¿quizás nuestra Galaxia es más «viva» de lo que parecía?
En el centro de la Vía Láctea hierve un caldero estelar gigantesco. Allí nacen y mueren astros masivos: cada muerte es una explosión de supernova que lanza al espacio nubes de partículas cargadas. Estas partículas, aceleradas casi a la velocidad de la luz, chocan con gas y radiación y emiten luz gamma, la más energética de la naturaleza. Así, sobre el plano de la galaxia se inflan dos burbujas de decenas de miles de años luz de altura, como burbujas de vapor sobre agua hirviendo. El telescopio Fermi las detectó en 2010, pero solo ahora un modelo informático demostró que el agujero negro no tiene nada que ver. Basta con la vida turbulenta de las estrellas comunes. Es más, distintas regiones de las burbujas brillan de manera diferente, según cómo las partículas pierden energía. A ese “arcoíris” en rayos gamma se le llama espectro. Lo más sorprendente: las burbujas no son gas caliente, sino el resplandor de partículas aceleradas casi a la velocidad de la luz. Además, la simulación predijo que donde hay brillo gamma también debe haber ondas de radio y rayos X. Ahora los astrónomos saben hacia dónde apuntar los telescopios.
🎯 Contra la intuición, la luz de las burbujas no nace del calor, sino de partículas que viajan casi a la velocidad de la luz.