Un fotón solitario vuela hacia la cámara, pero el obturador se cierra justo delante de él. No se puede cortar, y nace una mezcla cuántica: un conjunto infinito de estados con distinto número de partículas. A la izquierda, luz; a la derecha, oscuridad; y entre ellas, una transición paradójica. Este juego con la luz promete nuevos instrumentos.
🎯 Con un obturador lo suficientemente rápido, un solo fotón puede multiplicarse: el detector ve dos o tres, aunque se envió uno. No es una ilusión, sino una consecuencia directa de la naturaleza cuántica de la luz.